Look forward to all the chances to get hurt again

K.H.

“move on,
hearts will inevitably break as they are wont to do,
you can stay away from love if you think it will help, but people will leave, and die, and betray
write it down. draw a picture. sing a song.
or do the english thing and go get laughed at by those that remain.
all manner of brainly ills can be cured with cups of tea, a particularly strong breeze,
or the words “i’m still here” even if the word that echoes is “still”
dwelling is the deadliest addiction of all. dwelling is sweet from the dwelling place, but remember it projects outwardly as bitterness.

move on. watch trees and count leaves,
if no one surrounds you, wait for the words “i’m your friend”
you’ll find them in familiar smelling houses and unclean mouths, sweet from morning pastries, don’t let that put you off

i have dwelled, people i don’t know, know me through two albums worth of my dwelling place. I have turned the things that burned me into product, and sold it with ribbons of cardboard, they’re not so scary then.

if your dwelling place has locked you in, look at the sky as the day is ending, it is filthy and orange and pink,
the sky is streaked with the sins of the day just been,
spattered and scrawled with car fumes and electric lights from another day of humankind’s inevitable folly.
go to sleep. all is well there

wake early,
look again,
you’ll notice the world is now blue, the sky has recovered and smells of wet grass, no longer spilled beer and words not meant,
breathe it in. its another chance, and it happens daily. just for you.
go out and swim in the mornings fresh start,
as the cars rev their engines and begin to undo it all again.
don’t pay them mind, they need to take their owners to work,
this morning’s for you
move on, into its mystery.

why do we listen to albums like mine? why do i revel in poems meant for funerals?
because others dwellings are a comfortable fix, methadone for the weary soul,
like serial killers who’ve been dead for hundreds of years, and strangers houses
other peoples pain is always more beautiful than our own
count it, rub your hands on your face, check it’s still there, still looks like you
and move on

she still exists, i see her on trains, what a wonderful thing

move on,
you will get hurt
make beauty from your dwelling place
and look forward to all the chances to get hurt again”

gloaming henson

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Cortos relatos llenos de sueños

Relato de un Naúfrago

El agua iba incrementando. Aumentando su volumen. Yo estaba atrapado en ella. Respiraba hondo, muy profundamente, mi pecho ascendía y volvía a descender con una fiereza inimaginable. Todo a mi alrededor se evaporaba. De fondo conseguía escuchar una leve voz, un cántico que siempre me acompañará. No veía nada, todo era oscuro. Intentaba abrir los ojos, pero todo esfuerzo era en vano.

El agua ya me llegaba a la boca, mis gastados ojos se rendían ante el inmenso poder del agua. De repente, todo fue aún más oscuro. Intento, de nuevo, abrir los ojos pero mi reacción es cerrarlos más fuerte. Sigo escuchando, ahora más lejos, la misma música.

Súbitamente, mis ojos se abren. Están rodeados de agua. Todo está muy borroso, sólo puedo describir algunas figuras y unos pocos colores. El sonido de la música sigue oyendose, pero cada vez más y más lejos, como una canción interminable.

No sé donde estoy. No sé qué hago allí.

Introduzco mi mano dentro del frío riachuelo y me llevo ese agua a la cara. Empiezo a verlo todo más claro. Estoy sumergido en la bañera que llevo visitando más de seis años, pero ya no la reconozco. Ya nada es igual. Pronto la dejaré atrás. Todo a mi alrededor me hace sentirme un extraño, un intruso. Enseguida, vuelvo a retomar el conocimiento. Ya sé donde estoy, aunque no sé qué demonios hago allí ni cómo llegué. ¿Estoy en la vida real? No importa.

Necesito una botella y un cigarro, pero en vez de ir a por ellos cojo un lápiz y un trozo de papel y me pongo a escribir esto. Sea lo que sea esto.

No sé porqué escribo, no sé si pretendo que algo cambie, pero cuando escribo, todo lo demás desaparece. Como cuando estaba en la bañera y me sumergía, me ahogaba intentando ahogar conmigo todos esos problemas cotidianos sin interés alguno. Pero eso es imposible, no se puede lograr. Al final vuelves a la superficie, para volver a caer, pero te levantas y vuelves a caer.

Así es como va esto.

Tarde con un árbol.

Las ingenuas miradas se dirigen a mi ser, todos a mi alrededor no cesan de mirarme, yo no me preocupo, lo que sea que esté haciendo parece molestarles o incluso inquietarles. No tengo ni idea de qué pueda tratarse, pero de todos modos no dejaré de hacerlo. Tranquilo, relajado, mis oídos son penetrados por la fina y precisa voz de Roger Walter cantando ‘Nobody Home.’

Mientras, fuera de mi perturbada mente, el viento golpea los largos edificios pintados sin cesar. Pero mi mirada se centra en los ancianos árboles que no dejan de recibir golpes de derecha por parte del viento. Golpes que a cualquier otro dejarían K.O. Allí encuentro la respuesta a la pregunta que nunca formulé. Ese árbol es una metáfora más de la vida. Él, plantado sobre la tierra, inmóvil, tiene que permanecer allí y recibir los golpes sin posibilidad de réplica. Va creciendo, poco a poco, pierde partes importantes de su ecosistema, pero ha de seguir de pie. Aguantando, resistiendo día tras día todo lo cruel de este mundo. Tendrá buenos momentos, lo sabe, pero para ello hace falta estar de pie y resistir ventiscas como la que está ocurriendo en este preciso instante. Va creciendo y estos fuertes vientos cada vez le hacen menos daño, tiene experiencia. Hasta el día que, por fin, muere. Pero a él no se le apagan los ojos, él simplemente es olvidado.