Poesía

 Hoy he escuchado algo que me ha dejado estupefacto. No podría citar textualmente pero era algo de este estilo: “La poesía está muerta. Ya no la leemos, ni la escribimos, ni la escuchamos. A la gente no le gusta como antes, hemos evolucionado. Sólo la tenemos que estudiar en clase de literatura y es un coñazo.”

 

Vale, no sé por dónde empezar, todo en esta frase es falso, absolutamente todo. La poesía no está muerta y, simplemente, no puedes decir que lo esté. Como dijo un gran poeta del posromanticismo: Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía. […] Mientras exista una mujer hermosa, ¡habrá poesía!

La poesía no son un par de versos, no es un poeta o un lector. La poesía es un paisaje, una sensación, un sentimiento. Puedes encontrar poesía allá por donde vayas, en la alegre mirada de una joven enamorada, en los granos de arena de una triste y solitaria playa, en los golpes de la corriente contra un viejo puente que resiste tras tantos años los fuertes cambios…la poesía está en todas partes, sólo has de mirarla.

 

Poetas como antes parecen haber desaparecido pero sigue habiendo gente que escribe, y también hay muchos músicos – hablo de verdaderos músicos no las patrañas que se escucha en la radio o en televisión – que han pensado en poner algo de poesía en sus canciones. La música también es en cierto modo poesía, hay muchos tipos, pero consigue darte esa sensación tan especial que tiene la lírica. Hay músicos que en sí mismos son poetas. Y esto ayuda a que la poesía siga muy presente entre la muchedumbre.

La función del poeta es aspirar a proyectar dicho paisaje, sensación o sentimiento con palabras. Mas qué es la poesía sino un vago e inútil esfuerzo por representar con palabras lo irrepresentable. Hay veces que simplemente las palabras no alcanzan, hay cosas que son demasiado perfectas – o también imperfectas – como para describirlas con simples palabras. Allí está la gracia de este arte, ahí está el trabajo del poeta. Hace ya unos meses, un profesor de lenguas me pedía definir la poesía, la pregunta en sí era: ¿Qué es la poesía? Por supuesto el esperaba que los alumnos respondan con un simple: es un arte melódico en el que se expresan los sentimientos del autor mediante rimas y versos. Pero yo me veía incapaz de responder algo tan simple, porque la poesía no es tan simple, la poesía es muy complicada, por eso es tan hermosa. No quiero usar el termino perfecta porque lo considero algo irreal y que tiende a causar confusión. La perfección en sí no existe, o más bien, depende de cada ser. Tu puedes creer que cierta cosa es perfecta, y puede que lo sea para ti pero a lo mejor no para otro. La perfección del ser humano se halla en sus imperfecciones.

 

Volviendo al tema original, esta chica estaba muy equivocada y no se dio cuenta del terrible error que ha cometido, y probablemente no lo haga nunca. Esto se debe a que nunca le han mostrado las maravillas de la poesía. Siempre he creído que uno no halla el amor a la poesía hasta que no encuentra lo que llamaremos El Poema. El Poema es ese primer poema con el que te sientes identificado, como en algunos casos nos ocurre con las canciones. El Poema es diferente para todos pero causa el mismo efecto y crea un sentimiento de interés hacía el maravilloso mundo poético. Tras esto, sólo hay que ir probando y buscando hasta que encontremos el tipo de poesía que más nos guste. La poesía, al ser un sentimiento, puede ser triste, feliz, ambigua, complicada, estructurada o no, la poesía no tiene límites, es el poeta quien los pone.  

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Rivalidades

Hubo una vez un hombre que soñó con un mundo mejor, sin desprecios, sin rivalidades, sin odio. Ese hombre hizo todo lo que estaba en su mano por cambiar el mundo, hizo tanto que acabó muerto por ello. Estoy seguro de que sabéis a quién me refiero y también estoy convencido de que pensastéis en él en cuanto pronuncie la palabra sueño.

Efectivamente, estaba hablando de Martin Luther King, ese hombre que luchó sin descanso por un mundo sin discriminación racial, sin ninguna clase de discriminación. Esa rivalidad, aunque en menor grado, sigue existiendo.

Tal como la discriminación racial existen muchos tipos más. Sé que la gran mayoría de vosotros, la inmensa mayoría, habéis visto durante el transcurso de esta semana los llamados eventos deportivos del siglo, más conocidos aún bajo el nombre de El Clásico. Ese partido de fútbol entre el Real Madrid y el F.C. Barcelona que enfrenta a medio mundo. Aunque no cabe olvidar los importantísimos Barcelona – Chelsea y Real Madrid – Bayern de Munich, respectivamente. Esos encuentros que han creado una gran expectación y, sobre todo, una enorme rivalidad. Se ha podido ver a los aficionados de ambos conjuntos pasar por muchas emociones contrariadas y encontradas. Ilusión, tristeza, desaliento, impotencia, e incluso alegría. Algo en principio sorprendente ya que ambos equipos vieron como sus sueños de ser coronados como el mejor conjunto europeo se reducían a eso, un sueño.

Pero – como lamentablemente suele suceder con el ser humano – la desgracia de uno llevó a la alegría del otro. Tal vez ese dicho popular no sea tan desacertado, tal vez sea cierto eso de no te rías de que la casa de tu odioso vecino se haya quemado cuando la tuya está en llamas.’ 

Ambas hinchadas pasaron de la tristeza a la alegría de forma casi idéntica y simultánea. La desdicha de unos alimentó la euforia de otros, en parte para tratar de olvidar la desgracia propia aunque también para satisfacer las,despreciables, necesidades del ser humanos de reírse de la desgracia ajena antes de pensar en la propia.

No me he vuelto loco y tampoco he convertido este blog en un espacio deportivo. Es que este es un claro ejemplo de que la rivalidad creada hace muchos años y alimentada a diario por los periodistas hecha por los suelos todo por lo que Martin Luther King – y muchos otros – lucharon. La rivalidad lleva  a la ira y la ira es sinónimo de desprecio.

Yo pido que nos dejemos de rivalidad, sobre todo tan estúpidas como la mencionada arriba, y respetemos la opinión o el  gusto de los demás. No es tan difícil.

Imagen: (http://www.moonmentum.com/blog/wp-content/uploads/2012/01/martin-luther-king-jr.jpg)

Riqueza

En esta magnífica sociedad en la que vivimos existen los llamados grupos sociales. Tales como existía en el Antiguo Régimen la sociedad estamental  – nobleza, clero, burguesía y campesinos. Todos tenían distintos derechos  y deberes.

Hoy en día ocurre lo mismo. Vivimos en una democracia, donde los ricos tienen más derechos que los pobres y los pobres tienen más deberes que los ricos.  De vez en cuando se pueden ver casos en los que – parece –  que pillan al rico y lo encierran en una cárcel que más que una prisión parece un hotel de lujo. Pero en la mayoría de los casos, no podemos verlo.

Los verdaderos delincuentes quedan impunes. Los que se aprovechan de una sociedad  inculta quedan sin castigo. En cambio, un pobre hombre que vive en la calle y no tiene billetes para conseguir alimento para su familia y recurre al hurto de una barra de pan para que su mujer e hijos tengan algo que llevarse a la boca es acusado de ladrón y condenado a meses o, incluso, algunos años en un centro penitenciario.

¿Por qué ocurre esto si, según la ley, todos somos iguales ante la justicia? La respuesta es sencilla. Esto no es cierto. NO somos todos iguales ante la ley. Nunca lo hemos sido, y siguiendo este camino, nunca lo seremos.

Atrás quedó la imagen de ese pequeño niño haciendo preguntas tan afines como: ‘Mamá, si no hay suficientes billetes para que estas pobres familias, que viven en la calle, puedan comer, ¿por qué no hacemos más?’ Esta consulta fue respondida años más tarde. Ni por su madre, ni por ningún familiar. Sino por la vida misma. Ese niño descubrió la verdad sobre los políticos, que no eran gobernantes sino dictadores. La verdad sobre las guerras, que no eran juegos y para nada eran divertidas. La cruel verdad sobre la vida. Descubrió las mentiras que les contaron sus padres durante años. Las llamadas White lies. Los padres lo hacen porque saben la realidad del mundo donde vivimos y quieren apartarnos de él lo máximo posible.

El inconveniente es que un día, cuando ese niño madure, verá todas las verdades de golpe y se sentirá abrumado. Pero ese es el ciclo de la vida. De pequeños nos enseñan a comportarnos como ricos. Nos dicen que debemos aspirar a serlo, que debemos comportarnos como ellos. Hay gente que vive obsesionada con ellos y los imita sin fin, de ahí vienen los programas de televisión llamados de corazón – véase Telecinco.

Pero, ¿por qué ser como ellos? ¿Qué hay de malo en vivir como nuestros antepasados, los indios? ¿Tan malo sería vivir todos juntos respetando a la naturaleza y a todos los seres que nos rodean? No lo creo. Una cosa es que te inculquen unos principios – unos modales –  otra distinta es que vean la riqueza algo que hay que conseguir, alcanzar y mantener. Al igual que el poder. ¿Para qué quieres poder teniendo amistad? ¿Para qué quieres dinero teniendo familia? Los que llegan a la cima suelen ser los peores seres humanos. Llegan por delante de todos, imponiendo su propio yo delante de cualquier otra cosa, imponiendo su enorme avaricia. Yo quiero irme a las montañas, quiero respirar aire fresco, encontrarme a mí mismo, a mi propio ser para comprenderme y comenzar a comprender a los demás. No quiero estar en una casa más grande que algunos países, con objetos de oro en todas partes, respirar un aire que ha sido oxigenado especialmente para mí, porque creo que me merezco un aire mejor al del resto de la humanidad, y saber solo una cosa, saber que quiero aún más dinero sin importar el medio por el cual lo consiga.

El bien propio por encima del de los demás.

Imagen: (http://www.laparaulatailustrada.com/wp-content/uploads/2011/01/MAFALDA.jpg)

Famosos

Hablemos de un tema que concierne a mucha gente, y a muchas compañías. Los famosos. Una persona puede llegar al estrellato de muchas maneras. Unas más “éticas” y otras que, simplemente, carecen de eso.
Pero, ¿por qué adoramos tanto a este tipo de seres?, ¿qué los hace tan importantes?, ¿por qué nos gusta tanto saber que están haciendo en cada momento?

Son las primeras cuestiones que se me vienen a la cabeza, aunque hay muchas más.
La respuesta pasa de ser muy sencilla a ser muy compleja. El ser humano es complejo de por sí, pero, ¿por qué esto? ¿por qué todo esto? Le damos demasiada importancia a esos “famosos”. Les pagamos millonadas, en ciertos casos “billonadas”, para ver un par de fotos suyas, o que nos cuenten una historieta que se inventaron un par de guionistas. Vivimos pegados al televisor para saber, con detalle, cuál es la nueva trasteada de tal ser. ¿Por qué, digo yo, en vez de preocuparnos por sus gilipolleces nos preocupamos por las cosas realmente importantes? ¿por qué no nos preocupamos por temas como los timos bancarios, diarios, la explotación infantil, aunque no solo infantil, en países asiáticos, y no solo asiáticos, los niños que mueren o nacen deformes en África, y no solo África, o por las guerras que transcurren en este preciso instante?
¿La razón? No nos interesa. Si no nos afecta, directamente, no nos interesa y no le prestamos atención. Entonces, si es de este modo, ¿por qué nos interesa lo que haya hecho George Clooney ayer si no tiene nada que ver con nuestra vida? Porque es lo que nos venden. Ya ha pasado, hay programas de televisión que duran 6 horas, sí 6 horas, hablando sobre la vida personal del famoso de turno. Pero no hay ninguno que hable de estos temas citados anteriormente. NINGUNO. A lo mejor, si alguno de esos “famosos” habla de ello le hacemos un poco de caso, pero al mes se nos olvida.

Da lástima ver como “evoluciona” el ser humano.