J’ai baisé la mort 

Son maquillage coulait 

Elle pleurait, elle pleurait, 

Entre la profondeur de sa gorge 

Mon membre était bloqué. 

Elle aimait, elle aimait 

Quand c’était dur et animé, 

Comme une sauvage elle me torche 

Et mon dos elle griffait. 

Ses lèvres grandissant 

Tout autour du gland, 

Ses yeux se dilatataient

Quand ses seins elle découvrait. 

C’était pas une chienne 

C’était une déesse, 

Elle jouissait en silence 

Se divertissait entre rôles. 

L’amour la rendait aveugle 

Mon membre devenait anxieux, 

Son bijou dansant me parlait 

Son arrière m’a empoisonné. 

La meilleure façon de coucher 

Est de baiser jusqu’à la mort, 

Quand elle viendra nous chercher

Notre vivacité lui fera peur. 

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A word of redemption

The day
Or night
Death will come
To finally hunt me
I’ll wait for her
Right here
With a joint
Between my fingertips,
Still writing poems
About my loved one
Reaching for poetry
Like a child for ice cream.
She will look at me
And laugh at me,
But also be afraid of my being
Who has lived without fear
Always accepting its troubles
And about them writing poems.
So I’ll speak
In my tone
As big as meek;
‘I’ll go with you
Beautiful broken angel,
But not until you
Let me write my last creation
A word of redemption
A song of imitation,
Returning to my childhood
Imagination.’
So Death will read my words
About lost innocence
And broken souls
And she would tremble
Before taking me
To my future time
As a giant forgotten tree.

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Cortos relatos llenos de sueños

Relato de un Naúfrago

El agua iba incrementando. Aumentando su volumen. Yo estaba atrapado en ella. Respiraba hondo, muy profundamente, mi pecho ascendía y volvía a descender con una fiereza inimaginable. Todo a mi alrededor se evaporaba. De fondo conseguía escuchar una leve voz, un cántico que siempre me acompañará. No veía nada, todo era oscuro. Intentaba abrir los ojos, pero todo esfuerzo era en vano.

El agua ya me llegaba a la boca, mis gastados ojos se rendían ante el inmenso poder del agua. De repente, todo fue aún más oscuro. Intento, de nuevo, abrir los ojos pero mi reacción es cerrarlos más fuerte. Sigo escuchando, ahora más lejos, la misma música.

Súbitamente, mis ojos se abren. Están rodeados de agua. Todo está muy borroso, sólo puedo describir algunas figuras y unos pocos colores. El sonido de la música sigue oyendose, pero cada vez más y más lejos, como una canción interminable.

No sé donde estoy. No sé qué hago allí.

Introduzco mi mano dentro del frío riachuelo y me llevo ese agua a la cara. Empiezo a verlo todo más claro. Estoy sumergido en la bañera que llevo visitando más de seis años, pero ya no la reconozco. Ya nada es igual. Pronto la dejaré atrás. Todo a mi alrededor me hace sentirme un extraño, un intruso. Enseguida, vuelvo a retomar el conocimiento. Ya sé donde estoy, aunque no sé qué demonios hago allí ni cómo llegué. ¿Estoy en la vida real? No importa.

Necesito una botella y un cigarro, pero en vez de ir a por ellos cojo un lápiz y un trozo de papel y me pongo a escribir esto. Sea lo que sea esto.

No sé porqué escribo, no sé si pretendo que algo cambie, pero cuando escribo, todo lo demás desaparece. Como cuando estaba en la bañera y me sumergía, me ahogaba intentando ahogar conmigo todos esos problemas cotidianos sin interés alguno. Pero eso es imposible, no se puede lograr. Al final vuelves a la superficie, para volver a caer, pero te levantas y vuelves a caer.

Así es como va esto.

Tarde con un árbol.

Las ingenuas miradas se dirigen a mi ser, todos a mi alrededor no cesan de mirarme, yo no me preocupo, lo que sea que esté haciendo parece molestarles o incluso inquietarles. No tengo ni idea de qué pueda tratarse, pero de todos modos no dejaré de hacerlo. Tranquilo, relajado, mis oídos son penetrados por la fina y precisa voz de Roger Walter cantando ‘Nobody Home.’

Mientras, fuera de mi perturbada mente, el viento golpea los largos edificios pintados sin cesar. Pero mi mirada se centra en los ancianos árboles que no dejan de recibir golpes de derecha por parte del viento. Golpes que a cualquier otro dejarían K.O. Allí encuentro la respuesta a la pregunta que nunca formulé. Ese árbol es una metáfora más de la vida. Él, plantado sobre la tierra, inmóvil, tiene que permanecer allí y recibir los golpes sin posibilidad de réplica. Va creciendo, poco a poco, pierde partes importantes de su ecosistema, pero ha de seguir de pie. Aguantando, resistiendo día tras día todo lo cruel de este mundo. Tendrá buenos momentos, lo sabe, pero para ello hace falta estar de pie y resistir ventiscas como la que está ocurriendo en este preciso instante. Va creciendo y estos fuertes vientos cada vez le hacen menos daño, tiene experiencia. Hasta el día que, por fin, muere. Pero a él no se le apagan los ojos, él simplemente es olvidado.

 

 

Historia de rimas manchadas de vino

‘Me encantan la lluvia
y el tiempo invernal.
Las noches vacías,
pero llenas de amistad.
Que el tiempo corra,
ver los segundos palpitar.
Por cada latido,
una palabra más.
Lo amigos diciendo
que ya no beben más,
y tú siempre pidiendo
un segundito más.
Charlando contigo,
como si no hubiese nadie más.
Rodeados de gentío,
pero oír sólo nuestro pasar.’

Me despierto siempre de madrugada,
no pienso en nada más.
Me hablan como si supieran lo que pasaba,
mas yo no conozco esas palabras.
Todo se desmorona a mi lado,
me hallo entre tu preciosa mirada.
Trato de penetrarla,
de besarla,
de conquistarla.
Pero no comprendo tus palabras.
No entiendo esa forma de hablar.
Esos ojos amarillentos,
esos labios tan esbeltos,
esa sonrisa que me trae la brisa.
Ese pelo de escarlata,
que con su movimiento me habla,
me abraza y me mata.’

Me cansa tanto tráfico
y tanto sin sentido.
La gente de doble bando
y mujeres con los corazones jugando.
Los lunáticos encerrados
y los políticos robando.
La humanidad rezando
y los dioses castigando.
Las disputas por política,
y las batallas perdidas.
Las guerras en todos lados,
y la paloma aún luchando.
El tiempo que pasa,
y los segundos que matan.
Las miradas falsas,
y las palabras que no hablan.
La gente muriendo,
y los pobres hambrientos.


Me entristece la muerte,
y todo lo que la concierne.
Los viejos sin suerte,
y los jóvenes sin sueños.
La vida sin gente,
y la vida sin excesos.’