Crisis cultural

Estamos en crisis desde, por lo menos, el año 2008, eso lo sabemos. El número de parados no deja de crecer, la gente que se queda sin hogar, sin dinero y, prácticamente, sin vida aumenta día tras día. Todo lo que hace el gobierno actual es echarle la culpa al gobierno anterior, como parece mandar la tradición española, deberíamos aprender de señores como José Mujica, presidente de Uruguay (os dejo una entrevista que realizó TVE hace sólo unas semanas, vale la pena verla). Estamos ante una crisis en casi todos los sentidos del término; crisis económica, política, hasta de valores. Pero sobre todo una que, personalmente, me preocupa mucho aunque parezca que a la prensa no: la crisis cultural.

 

En este país parece que sólo se habla de fútbol, con la de grandes poetas, autores y artistas en general que han surgido de estas tierras, parece que hemos perdido esa cultura tan fuerte que era la española. La gente ya no quiere leer – llegamos a casa y nos sentamos delante del televisor, comemos con la televisión a todo volumen para callar nuestros pensamientos, ya no se habla a la familia en la mesa… – tampoco queremos estudiar, los jóvenes parece que sólo pensamos en la fiesta, ahogar nuestros pensamientos revolucionarios con drogas y alcohol. Nos quejamos del gobierno – no sin razón – pero nosotros ¿qué hacemos para sacar el país adelante? Nada. A veces es aún peor, aplastamos a quienes se atreven a intentar cambiar este modelo de vida que es insufrible porque, según la prensa, sólo son unos perroflautas y drogadictos que no aportan nada a la sociedad.

Y el fútbol – ¡ah! ¡el fútbol ! – con lo bello y educativo que puede ser el deporte, se ha convertido en otra estrategia política para conseguir callarnos y obedecer mientras aprueban todo tipo de leyes que van en contra de los derechos humanos. La suma de todo esto nos lleva a un mundo muy cercano al que se figuraba Huxley en su Brave New World.  Deberíamos intentar mejorar como persona ya que sólo se consigue mejorar una sociedad mejorando individualmente como ser humano. Somos seres increíbles, con la habilidad de respirar, hablar y razonar. No dejemos que nos corten todo esto.

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Rivalidades

Hubo una vez un hombre que soñó con un mundo mejor, sin desprecios, sin rivalidades, sin odio. Ese hombre hizo todo lo que estaba en su mano por cambiar el mundo, hizo tanto que acabó muerto por ello. Estoy seguro de que sabéis a quién me refiero y también estoy convencido de que pensastéis en él en cuanto pronuncie la palabra sueño.

Efectivamente, estaba hablando de Martin Luther King, ese hombre que luchó sin descanso por un mundo sin discriminación racial, sin ninguna clase de discriminación. Esa rivalidad, aunque en menor grado, sigue existiendo.

Tal como la discriminación racial existen muchos tipos más. Sé que la gran mayoría de vosotros, la inmensa mayoría, habéis visto durante el transcurso de esta semana los llamados eventos deportivos del siglo, más conocidos aún bajo el nombre de El Clásico. Ese partido de fútbol entre el Real Madrid y el F.C. Barcelona que enfrenta a medio mundo. Aunque no cabe olvidar los importantísimos Barcelona – Chelsea y Real Madrid – Bayern de Munich, respectivamente. Esos encuentros que han creado una gran expectación y, sobre todo, una enorme rivalidad. Se ha podido ver a los aficionados de ambos conjuntos pasar por muchas emociones contrariadas y encontradas. Ilusión, tristeza, desaliento, impotencia, e incluso alegría. Algo en principio sorprendente ya que ambos equipos vieron como sus sueños de ser coronados como el mejor conjunto europeo se reducían a eso, un sueño.

Pero – como lamentablemente suele suceder con el ser humano – la desgracia de uno llevó a la alegría del otro. Tal vez ese dicho popular no sea tan desacertado, tal vez sea cierto eso de no te rías de que la casa de tu odioso vecino se haya quemado cuando la tuya está en llamas.’ 

Ambas hinchadas pasaron de la tristeza a la alegría de forma casi idéntica y simultánea. La desdicha de unos alimentó la euforia de otros, en parte para tratar de olvidar la desgracia propia aunque también para satisfacer las,despreciables, necesidades del ser humanos de reírse de la desgracia ajena antes de pensar en la propia.

No me he vuelto loco y tampoco he convertido este blog en un espacio deportivo. Es que este es un claro ejemplo de que la rivalidad creada hace muchos años y alimentada a diario por los periodistas hecha por los suelos todo por lo que Martin Luther King – y muchos otros – lucharon. La rivalidad lleva  a la ira y la ira es sinónimo de desprecio.

Yo pido que nos dejemos de rivalidad, sobre todo tan estúpidas como la mencionada arriba, y respetemos la opinión o el  gusto de los demás. No es tan difícil.

Imagen: (http://www.moonmentum.com/blog/wp-content/uploads/2012/01/martin-luther-king-jr.jpg)