No somos nada

Eran las dos y media de un día invernal. La lluvia se había precipitado sobre los altos y robustos árboles que podía contemplar desde mi ventana. Había marcas circulares de tazas de café cubriendo todo el diámetro de mi pequeño escritorio, delante del que me hallaba sentado. Tenía dieciocho años y once meses, edad en la cual yo ya estaba en la mili, decía un señor que nada tenía que ver con mi vida. Sentado en ese diminuto escritorio lleno de papeles, libros de grandes autores como lo son Baudelaire, Houellebecq, Machado, Nietzsche, Kafka o Bukowski, miraba sin pestañear la delgada e intermitente línea negra que reflejaba el monitor de mi ordenador personal. Era tan desolador como ese trozo de papel blanco que en vez de convertirse en la poesía de algún poeta aún por descubrir se tenía que conformar con ser la lista de la compra de alguna madre de familia que trataba de llenar su gran vacío interior comprando cuantos más productos le sea posible, esos productos que no le son de ninguna utilidad real.

El tiempo pasaba, la música seguía sonando. Seguía delante del monitor, sin saber qué escribir o por qué debería hacerlo. He cambiado tanto de vida que me he olvidado de tener una. Esa maldita línea no deja de desaparecer para luego volver a resurgir de sus propias cenizas, tal como ave fénix. A mi lado hay unos trabajos de clase que debería entregar mañana a buena hora, probablemente no los haga. No soy uno de esos rebeldes inconformistas, esos anarquistas que poco saben de lo que significa serlo. Yo no soy nada. No soy poeta a pesar de que pase mis horas escribiendo poesía. No soy crítico musical aunque el resto de mi tiempo libre transcurra con una propia banda sonora. Por mucho que lea a diario no soy un buen lector. No soy un político, ni un filósofo, ni un artista. No soy nada. Nada más que un ser humano con la increíble capacidad de respirar, pensar, volver a pensar, alimentarme por mí mismo, soplar para calentarme y soplar para enfriar la sopa. Todos somos increíblemente especiales, hasta yo quizá lo sea.

Así que, ¿por qué si queremos gritar no podemos? ¿por qué no decimos lo que pensamos sin miedo a lo que digan o piensen los demás? ¿por qué si quieres escribir no lo haces? ¿por qué si quieres cantar y bailar por la calle no llevas a cabo tu proyecto por muy estúpido o insensato que pueda parecer? Puedes hacer lo que quieras, que no te digan lo contrario. Ya que

La maldita línea negra intermitente no dejará de parpadear a no ser que empieces a escribir tu historia.

https://theworldformudmen.files.wordpress.com/2014/01/78d5d-la_polla_records-no_somos_nada-frontal-copia.jpg

(https://theworldformudmen.files.wordpress.com/2014/01/78d5d-la_polla_records-no_somos_nada-frontal-copia.jpg)

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