Blonde mélodie

Ô ! Blonde mélodie !

Tes cheveux inspirent ma poésie

Tes lèvres me donnent la vie

Tes yeux me font partir

À un pays très lointain

Où l’on ne bois que du vin

Et on rie avec peu d’espoir

Quand je te vois

Ma blonde mélodie

Mes problèmes semblent

Contre le feu s’effondre

Et quand tu pars

Ô ! Blonde mélodie !

À la bouteille j’y vais

Pour la couvrir de baisers

Ces baisers que je ne peux pas

Te donner, blonde ténébreuse, à toi

 

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Desde mi balcón

Escrito por Sara Alite

En mi balcón veo la lluvia pero no me mojo. La veo sin cautela ni culpa, precipitándose sobre las calles sucias y los árboles frescos, la escucho caer y se me llenan de su húmedo aliento los pulmones y me contagio de su fragancia etérea, y empiezo a elevarme como una pluma ligera, y beso el suave pelo mojado de los transeúntes, como en un voto de silencio y pureza.
Desde mi balcón casi saboreo la lluvia, sabia y delgada, cayendo desde un cielo ennegrecido a una ciudad rebosante de vida. La maldigo y la envidio por ser tan despiadada, por deslizarse entre dedos, labios, lenguas, espaldas, párpados, piernas; sin apenas un ápice de culpa, sin tener que rendirle cuentas al cielo que le dio la vida, y que la calentó y la meció en su manto durante horas.
Mi balcón, como una cama surrealista, me deja ver la lluvia, sin mancharme de sus palabras.
Desde mi balcón como Juno veo el mundo ajena a las consecuencias de la lluvia golpeando cristales y asfalto. Me levanto y me sonrío, sin un Júpiter para secar mis lágrimas, porque aunque en mi balcón no llueva mi cara está mojada.
Desde mi balcón la lluvia me crea cuadros cubistas en el horizonte, a la vez que también deforma y simplifica mi alma.

http://isadorabonilla.files.wordpress.com/2012/06/lluvia-en-balcon.png

(http://isadorabonilla.files.wordpress.com/2012/06/lluvia-en-balcon.png)

Bienvenida Daniela

Un once de enero naciste

entre gran sufrimiento y alegría

hacerte esperar quisiste

para poner fin a la expectativa

 

Ojos bien cerrados

pelo oscuro

pequeño tamaño

halo seguro

 

En los brazos de mi hermana

segura y fiel a Hathor

te vi aquella post-mañana

a ti, imagen del amor

 

Hoy que estás lejos de mi

pero junto a tu gran hermano

quien te quiere sin fin

y que nunca soltará tu mano

 

Sólo puedo yo dedicarte

estas muy malas rimas

para intentar comunicarte

que eres como Felicitas

 

Y que tienes esa gran suerte

de tener la madre que tienes

que aprendió de la más fuerte

créeme, sé que lo sientes

 

Todo lo que no te puedo decir

te lo escribo hoy aquí

porque yo no sé ni hablar ni sentir

mas intento escribir

 

Crecerás con tu fiel hermano

el que siempre se ríe

y junto a tu padre Carlos

que te querrá el triple

Así que gracias Daniela

por la alegría que le traes

a toda nuestra parentela

y buena suerte con tus planes

‘Et les deux enfants se riaient l’un à l’autre fraternellement, avec des dents d’une égale blancheur.’

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No somos nada

Eran las dos y media de un día invernal. La lluvia se había precipitado sobre los altos y robustos árboles que podía contemplar desde mi ventana. Había marcas circulares de tazas de café cubriendo todo el diámetro de mi pequeño escritorio, delante del que me hallaba sentado. Tenía dieciocho años y once meses, edad en la cual yo ya estaba en la mili, decía un señor que nada tenía que ver con mi vida. Sentado en ese diminuto escritorio lleno de papeles, libros de grandes autores como lo son Baudelaire, Houellebecq, Machado, Nietzsche, Kafka o Bukowski, miraba sin pestañear la delgada e intermitente línea negra que reflejaba el monitor de mi ordenador personal. Era tan desolador como ese trozo de papel blanco que en vez de convertirse en la poesía de algún poeta aún por descubrir se tenía que conformar con ser la lista de la compra de alguna madre de familia que trataba de llenar su gran vacío interior comprando cuantos más productos le sea posible, esos productos que no le son de ninguna utilidad real.

El tiempo pasaba, la música seguía sonando. Seguía delante del monitor, sin saber qué escribir o por qué debería hacerlo. He cambiado tanto de vida que me he olvidado de tener una. Esa maldita línea no deja de desaparecer para luego volver a resurgir de sus propias cenizas, tal como ave fénix. A mi lado hay unos trabajos de clase que debería entregar mañana a buena hora, probablemente no los haga. No soy uno de esos rebeldes inconformistas, esos anarquistas que poco saben de lo que significa serlo. Yo no soy nada. No soy poeta a pesar de que pase mis horas escribiendo poesía. No soy crítico musical aunque el resto de mi tiempo libre transcurra con una propia banda sonora. Por mucho que lea a diario no soy un buen lector. No soy un político, ni un filósofo, ni un artista. No soy nada. Nada más que un ser humano con la increíble capacidad de respirar, pensar, volver a pensar, alimentarme por mí mismo, soplar para calentarme y soplar para enfriar la sopa. Todos somos increíblemente especiales, hasta yo quizá lo sea.

Así que, ¿por qué si queremos gritar no podemos? ¿por qué no decimos lo que pensamos sin miedo a lo que digan o piensen los demás? ¿por qué si quieres escribir no lo haces? ¿por qué si quieres cantar y bailar por la calle no llevas a cabo tu proyecto por muy estúpido o insensato que pueda parecer? Puedes hacer lo que quieras, que no te digan lo contrario. Ya que

La maldita línea negra intermitente no dejará de parpadear a no ser que empieces a escribir tu historia.

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(https://theworldformudmen.files.wordpress.com/2014/01/78d5d-la_polla_records-no_somos_nada-frontal-copia.jpg)