La vuelta al cole

Hoy he tenido que visitar ese lugar que tanto os gusta a algunos, donde se encuentran tantas cosas, tan ¿necesarias? y abusamos de nuestras tarjetas de crédito sin ningún tipo de compasión. Imagino que sabréis de qué lugar estoy hablando: un centro comercial.

Con la llamada vuelta al cole, la gente parece verse obligada a comprar. Es la época para comprarle a los niños vestimenta, mochilas, estuches y demás cosas que, probablemente, ya poseen pero como el catálogo nos ofrece cosas tan buenas y a precios tan bajos hay que comprarlas. Es curioso ver a las madres de familia fijarse en las ofertas y hablar sobre ello. Piensan ser más listas que los supermercados, creen que lo único que significa para los supermercados el hecho de que compres sus productos en oferta es deshacerse de lo que sobra. Pero las ofertas van más allá, las ofertas son un modo de identificar a la clientela. Con las ofertas las grandes tiendas descubren quién está dispuesto a pagar más por un producto o quién no está dispuesto a hacerlo, así en el futuro próximo ofrecerán productos a precio reducido basándose en las estadísticas sacadas de estos experimentos. Lo mismo ocurre con la tarjeta de afiliación a dichos supermercados.

Los centros comerciales se han convertido en un lugar al que al gente va a pasear. Es una salida, una salida familiar en ciertos casos tal como lo eran las salidas al campo o a la playa en otros tiempos. Por supuesto, la gente que va de paseo al centro comercial no sale de allí con las manos vacías. Hay tantas ofertas en tantos productos que a la gente le da igual de dónde proviene, o si se ha fabricado respetando el medio ambiente. En la mayoría de los casos el producto en oferta no es fabricado ni respetando el medio ambiente, ni las condiciones mínimas de trabajo ni proviene de forma, digamos, natural. ¿Cuántos de vosotros habréis comido fresas con nata en Navidad cuando su época de recolección se encuentra entre los meses de Febrero y Mayo? ¿Sabéis cómo son fabricadas (y sí digo fabricadas) estas fresas navideñas? ¿Os habéis preguntado alguna vez cómo llega, por ejemplo, el pollo a vuestra mesa? Al final de este pequeño ensayo os dejaré un pequeño documental mudo de seis minutos que os dejará eso, mudos.

El problema reside en que los precios de los productos que sí respetan estos términos tienen un precio demasiado elevado como para competir con los que no. Pero esto no sería muy difícil de cambiar, sólo que a los que los producen y comercializan no les interesa. Otro inconveniente es que muchas marcas se han aprovechado de el hecho de que la gente empiece a tener conciencia medioambiental y, más de una vez, se ha comprobado que esos negocios que prometían elevar el precio de sus productos solamente para ofrecerles un buen precio a los agricultores no cumplían lo prometido. Y hay que fijarse bien en estas cosas si de verdad quieres hacer el bien.

Así que, resumiendo, dejad de lado esa idea estúpida de que hay que comprar para la vuelta al cole, lo mismo os digo para la Navidad (parece que el espíritu navideño se resume en comprar mucho) y, si podéis, fijaos bien en lo que compráis, los vegetales que provienen de lugares lejanos no son recomendables y no ayudéis más a joder este mundo (perdón por ser tan directo). Recordad lo que os dije en el pasado ensayo, el único poder que nos queda es el de no comprar.

 

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