Prensa

Fíjense lo sencillo que es manipular a la gente. Hoy, viernes 30 de agosto Estados Unidos está a punto de declarar la guerra a otro país islámico, guerra en la que Francia ya ha confirmado su presencia, la planta de Fukushima está sufriendo fugas de agua radiactivas, la ex-novia de Kim Jong-un ha sido fusilada junto a 11 personas más y de lo único que se habla es de si Gareth Bale llegará o no a jugar en el Real Madrid. Y del escándalo de Miley Cyrus, claro.

Y os preguntaréis, ¿esto de quién es culpa? ¿de la gente? ¿de la prensa? Pues de ambos, la verdad. De la gente por no querer informarse ( hay incluso quienes llaman ver el telediario informarse) y, por supuesto, también de la prensa. No paro de leer noticias sobre la suplencia de Iker Casillas, de los 100 millones de euros que pagaría el Madrid por el jugador galés ( ¿100 millones por un jugador de fútbol? ¿en qué nos hemos convertido?) o sobre el horrible espectáculo que protagonizó la estadounidense en una entrega de premios (por cierto que a Till y Flake del grupo de Heavy Metal Rammstein por hacer algo parecido pero ante menos gente, recordar que lo de Cyrus fue emitido en directo en los televisores de todo Estados Unidos, fueron arrestados y multados). Todas estas noticias, eclipsan a las masas de ver y centrarse en lo que de verdad está pasando. Esto le viene fenomenal a, como no, los gobiernos – principalmente el estadounidense (no usaré el término “americano” ya que un americano no es alguien que vive en Estados Unidos, sino en todo América).

Esto lleva sucediendo desde hace muchos años, demasiados. Y sólo hay un modo de cambiarlo, y es cambiando nosotros. Dejar de ser tan conformistas y dejar esa idea de: yo solo no puedo hacer nada. Porque no es cierto. Uno a uno se puede lograr mucho, recordad que los gobernantes sin el pueblo no son nada. Miradlo como si se tratase de una pirámide, nosotros estamos abajo del todo, somos la base, y ello en lo más alto, la punta. Pero una pirámide no se puede mantener sin su base, sin el pueblo en este caso. Hoy día, nuestras opciones para alejarnos y que caigan los malos gobiernos son pocas. Hay pocas acciones que podemos tomar para llevar esto a cabo. El mayor poder que tiene la población actualmente es el de no comprar. No comprar esos productos que fomentan la mano de obra barata, la destrucción de tierras naturales, la explotación, la dictadura. Es el poder que nos queda, al menos por ahora. Pero parece que no nos damos cuenta.

capitalismo

Poesía

 Hoy he escuchado algo que me ha dejado estupefacto. No podría citar textualmente pero era algo de este estilo: “La poesía está muerta. Ya no la leemos, ni la escribimos, ni la escuchamos. A la gente no le gusta como antes, hemos evolucionado. Sólo la tenemos que estudiar en clase de literatura y es un coñazo.”

 

Vale, no sé por dónde empezar, todo en esta frase es falso, absolutamente todo. La poesía no está muerta y, simplemente, no puedes decir que lo esté. Como dijo un gran poeta del posromanticismo: Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía. […] Mientras exista una mujer hermosa, ¡habrá poesía!

La poesía no son un par de versos, no es un poeta o un lector. La poesía es un paisaje, una sensación, un sentimiento. Puedes encontrar poesía allá por donde vayas, en la alegre mirada de una joven enamorada, en los granos de arena de una triste y solitaria playa, en los golpes de la corriente contra un viejo puente que resiste tras tantos años los fuertes cambios…la poesía está en todas partes, sólo has de mirarla.

 

Poetas como antes parecen haber desaparecido pero sigue habiendo gente que escribe, y también hay muchos músicos – hablo de verdaderos músicos no las patrañas que se escucha en la radio o en televisión – que han pensado en poner algo de poesía en sus canciones. La música también es en cierto modo poesía, hay muchos tipos, pero consigue darte esa sensación tan especial que tiene la lírica. Hay músicos que en sí mismos son poetas. Y esto ayuda a que la poesía siga muy presente entre la muchedumbre.

La función del poeta es aspirar a proyectar dicho paisaje, sensación o sentimiento con palabras. Mas qué es la poesía sino un vago e inútil esfuerzo por representar con palabras lo irrepresentable. Hay veces que simplemente las palabras no alcanzan, hay cosas que son demasiado perfectas – o también imperfectas – como para describirlas con simples palabras. Allí está la gracia de este arte, ahí está el trabajo del poeta. Hace ya unos meses, un profesor de lenguas me pedía definir la poesía, la pregunta en sí era: ¿Qué es la poesía? Por supuesto el esperaba que los alumnos respondan con un simple: es un arte melódico en el que se expresan los sentimientos del autor mediante rimas y versos. Pero yo me veía incapaz de responder algo tan simple, porque la poesía no es tan simple, la poesía es muy complicada, por eso es tan hermosa. No quiero usar el termino perfecta porque lo considero algo irreal y que tiende a causar confusión. La perfección en sí no existe, o más bien, depende de cada ser. Tu puedes creer que cierta cosa es perfecta, y puede que lo sea para ti pero a lo mejor no para otro. La perfección del ser humano se halla en sus imperfecciones.

 

Volviendo al tema original, esta chica estaba muy equivocada y no se dio cuenta del terrible error que ha cometido, y probablemente no lo haga nunca. Esto se debe a que nunca le han mostrado las maravillas de la poesía. Siempre he creído que uno no halla el amor a la poesía hasta que no encuentra lo que llamaremos El Poema. El Poema es ese primer poema con el que te sientes identificado, como en algunos casos nos ocurre con las canciones. El Poema es diferente para todos pero causa el mismo efecto y crea un sentimiento de interés hacía el maravilloso mundo poético. Tras esto, sólo hay que ir probando y buscando hasta que encontremos el tipo de poesía que más nos guste. La poesía, al ser un sentimiento, puede ser triste, feliz, ambigua, complicada, estructurada o no, la poesía no tiene límites, es el poeta quien los pone.  

La caja tonta

Ahora entiendo las palabras de los ancianos, ahora entiendo ese modo de llamar a la televisión. La caja tonta, le decían y ¡cuanta razón tenían! Cada día tiene menos de caja pero lo compensa siendo, día tras día un poco más tonta, hasta límites insospechados. La televisión es un maravilloso invento, muy creativo y muy importante. Me gustaría que pudiéramos mostrarle a un hombre de los prehistóricos el como funciona un televisor, probablemente reaccionaría por el instinto – ese que lamentablemente parece que hemos perdido con el paso del tiempo – y el miedo y acabaría destruyéndola. Lo que pretendo decir con esta insensata propuesta es que la tecnología ha evolucionado – ¿como nosotros? – en todos estos años de un modo asombroso – y aún sin mencionar Internet, los Smartphones, Tablets, etc. El hecho de que una imagen grabada en un lugar a miles de kilómetros llegué a nuestros hogares al mismo instante en el que se graba es increíble, de veras, pensadlo. Todo esto me ha llevado a pensar sobre la televisión y no me he propuesto escribir este ensayo para haceros pesarlo lo asombroso que es el invento del televisor, no, sino quería reflexionar sobre lo mal aprovechado que ha acabado siendo. Teníamos en nuestro poder un medio de comunicación impresionante, y lo hemos mandado todo a la mierda (perdón por la expresión). Pensad en la de cosas que se podrían haber hecho con este aparato, y ¿en qué nos hemos quedado? ¿con qué nos hemos conformado? Programaciones absurdas, programas del corazón (que lo único que provocan en mí es eso, un ataque al corazón) y dibujos animados ante los que ponemos a nuestros niños desde edades muy prematuras creados por jóvenes traumatizados que deben consumir grandes cantidades diarias de marihuana y zetas alucinógenas (porque sino no se puede explicar como llegan a crear dichas animaciones).

La televisión podría haber sido algo maravilloso, pero ahora se ha reducido a eso, bueno perdónenme, no sólo a eso, también a los miles de anuncios que nos hacen ver a diario. Hay más anuncios en televisión que contenido informativo – ¿hay todavía de eso?

Yo, personalmente, hace mucho que no enciendo el televisor, no me interesa para nada. Un día simplemente me harté de tanto anuncio, de tantas mentiras, de tanta estupidez.

Hay programas que pueden ser insoportables, aunque pocos que lo sean más que los telediarios, esos que se encargan de desinformar, de parar las revueltas populares que sólo buscan mejorar el país desacreditando a los pocos grupos que se atreven a hacer lo que todo el país debería – sí estoy hablando de grupos como el mal-llamado 15M cuando en realidad su lema era el de Indignados (siguiendo el ejemplo del maravilloso ensayo de Sthéphane Hessel con el mismo título, aunque en francés: Indignez-vous!). A este grupo lo tacharon de perroflautas durante meses y con ello creado en las mentes de sus espectadores la idea de que este movimiento no eran más que los Hipies de siempre buscando lío, y que aprueben la legalización del cannabis o algo por el estilo. (Esta maniobra que comenzó en Estados ¿Unidos? Para, justamente, desacreditar ese movimiento pacífico, se ha utilizado durante años para casos como este, es lamentable, pero es tema para otro ensayo). Creo que con este ejemplo ha quedado claro lo que opino de los telediarios, aunque podría continuar durante páginas y páginas, no quiero alargarme mucho.

En resumen, la publicidad, los dibujos animados, los informativos, los programas del corazón y todo el resto me llevó a apagar el televisor para no volver a encenderlo. Pero también me lleva a preguntarme algo: ¿Quién, en su sano juicio, encendería hoy en día la televisión?