Historia de rimas manchadas de vino

‘Me encantan la lluvia
y el tiempo invernal.
Las noches vacías,
pero llenas de amistad.
Que el tiempo corra,
ver los segundos palpitar.
Por cada latido,
una palabra más.
Lo amigos diciendo
que ya no beben más,
y tú siempre pidiendo
un segundito más.
Charlando contigo,
como si no hubiese nadie más.
Rodeados de gentío,
pero oír sólo nuestro pasar.’

Me despierto siempre de madrugada,
no pienso en nada más.
Me hablan como si supieran lo que pasaba,
mas yo no conozco esas palabras.
Todo se desmorona a mi lado,
me hallo entre tu preciosa mirada.
Trato de penetrarla,
de besarla,
de conquistarla.
Pero no comprendo tus palabras.
No entiendo esa forma de hablar.
Esos ojos amarillentos,
esos labios tan esbeltos,
esa sonrisa que me trae la brisa.
Ese pelo de escarlata,
que con su movimiento me habla,
me abraza y me mata.’

Me cansa tanto tráfico
y tanto sin sentido.
La gente de doble bando
y mujeres con los corazones jugando.
Los lunáticos encerrados
y los políticos robando.
La humanidad rezando
y los dioses castigando.
Las disputas por política,
y las batallas perdidas.
Las guerras en todos lados,
y la paloma aún luchando.
El tiempo que pasa,
y los segundos que matan.
Las miradas falsas,
y las palabras que no hablan.
La gente muriendo,
y los pobres hambrientos.


Me entristece la muerte,
y todo lo que la concierne.
Los viejos sin suerte,
y los jóvenes sin sueños.
La vida sin gente,
y la vida sin excesos.’