Rivalidades

Hubo una vez un hombre que soñó con un mundo mejor, sin desprecios, sin rivalidades, sin odio. Ese hombre hizo todo lo que estaba en su mano por cambiar el mundo, hizo tanto que acabó muerto por ello. Estoy seguro de que sabéis a quién me refiero y también estoy convencido de que pensastéis en él en cuanto pronuncie la palabra sueño.

Efectivamente, estaba hablando de Martin Luther King, ese hombre que luchó sin descanso por un mundo sin discriminación racial, sin ninguna clase de discriminación. Esa rivalidad, aunque en menor grado, sigue existiendo.

Tal como la discriminación racial existen muchos tipos más. Sé que la gran mayoría de vosotros, la inmensa mayoría, habéis visto durante el transcurso de esta semana los llamados eventos deportivos del siglo, más conocidos aún bajo el nombre de El Clásico. Ese partido de fútbol entre el Real Madrid y el F.C. Barcelona que enfrenta a medio mundo. Aunque no cabe olvidar los importantísimos Barcelona – Chelsea y Real Madrid – Bayern de Munich, respectivamente. Esos encuentros que han creado una gran expectación y, sobre todo, una enorme rivalidad. Se ha podido ver a los aficionados de ambos conjuntos pasar por muchas emociones contrariadas y encontradas. Ilusión, tristeza, desaliento, impotencia, e incluso alegría. Algo en principio sorprendente ya que ambos equipos vieron como sus sueños de ser coronados como el mejor conjunto europeo se reducían a eso, un sueño.

Pero – como lamentablemente suele suceder con el ser humano – la desgracia de uno llevó a la alegría del otro. Tal vez ese dicho popular no sea tan desacertado, tal vez sea cierto eso de no te rías de que la casa de tu odioso vecino se haya quemado cuando la tuya está en llamas.’ 

Ambas hinchadas pasaron de la tristeza a la alegría de forma casi idéntica y simultánea. La desdicha de unos alimentó la euforia de otros, en parte para tratar de olvidar la desgracia propia aunque también para satisfacer las,despreciables, necesidades del ser humanos de reírse de la desgracia ajena antes de pensar en la propia.

No me he vuelto loco y tampoco he convertido este blog en un espacio deportivo. Es que este es un claro ejemplo de que la rivalidad creada hace muchos años y alimentada a diario por los periodistas hecha por los suelos todo por lo que Martin Luther King – y muchos otros – lucharon. La rivalidad lleva  a la ira y la ira es sinónimo de desprecio.

Yo pido que nos dejemos de rivalidad, sobre todo tan estúpidas como la mencionada arriba, y respetemos la opinión o el  gusto de los demás. No es tan difícil.

Imagen: (http://www.moonmentum.com/blog/wp-content/uploads/2012/01/martin-luther-king-jr.jpg)

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