Mi experiencia en un ‘StarBucks’

El StarBucks  es ese lugar del que probablemente todos habéis oído hablar. Es ese sitio donde puedes ir, pedirte un café y salir con cualquier cosa menos algo parecido a un café y, claro está, con mucho menos dinero que con el que entraste.

Bien pues, la estrategia utilizada por Starbucks para conseguir muchos clientes es muy sencilla. Simplemente, abren un local en todas partes. Ejemplos prácticos, en mi viaje a Londres saliendo del Museo Británico, ¿qué fue lo primero que se interpuso en mi camino? Como diría Sherlock Holmes: elemental, querido Watson, un Starbucks. Justo en frente, al cruzar la acera, dos simples metros. Y casos como este hay miles repartidos por todo el planeta.

En muy fácil, si un turista sale del museo y le apetece un café, se encuentra una cafetería a dos pasos y decide ir a ella.

Además, Starbucks no solo hace una fortuna con los ingenuos turistas, claro que no. Vamos a descubrir, cuál es su clientela. Primero, y los que más se gastan allí, están los empresarios. Esos guerreros de oficina que tan sólo disponen de unos pocos minutos para tomar su desayuno. Esos guerreros necesitan una solución rápida, necesitan tener lo que quieren al instante, necesitan no tener que irse a la otra punta de la ciudad a por un simple café. Y ahí, claro está, es donde entra Starbucks. ¿Qué cafetería habrá justo al lado de un gran edificio de negocios? Por supuesto, un Starbucks. Esto no es fácil de conseguir. Todo hay que decirlo. La compañía americana se gasta millones de dolares en conseguir esos lugares. Cuándo alguien alquila un local cerca de una estación de metro, cerca de algún edificio importante o, incluso, de algún colegio/instituto uno de los primeros en acudir es un representante de Starbucks, y el dueño del local, aprovecha la situación y pone un precio muy elevado. Pero a ellos les da igual, no importa cuanto tengan que pagar, saben que lo que ganen con ese local será mucho mayor a lo que inviertan.

Otros clientes son los jóvenes que han caído presos de la tremenda campaña de marketing de la empresa con base en Washington. Estos jóvenes ven el Starbucks como algo cool o guay. Solo la gente así va a esos lugares, es trend y todas las palabras inglesas que se usan hoy día (¿¡Es que no tenemos palabras en el castellano para expresar cosas!?). Esto en cuanto a su clientela. Ahora viene mi propia experiencia.

Fui, como dije antes, a un Starbucks en Londres, justo enfrente del Museo Britanico. Llegué le pedí un cappuchino (me sentía italiano) y ahí el hombre me pidió que le dijiese el tamaño, le contesté que mediano (2£ más caro que el pequeño). Para mi sorpresa, me dice que no existe, que debo elegir entre tall, grande o treinta, al no tener ni idea de lo que refería le señalé el mediano, como si no supiera el cuál era. Luego entendía que le ponen nombres absurdos de tamaños, por gusto supongo. Tras esto, le tuve que pagar, todo por adelantado, ni que yo fuese un traficante o algo…, cogió un vasito de esos de plástico, le hizo un garabato y se dispuso a hacerme el café. Me lo dió y me fui. En ningún momento me encontré con nada especial que hiciera esa cafetería mejor que cualquier otra. Lo único, el café era malísimo. Yo, si tengo que ir a una cafetería a por un café, voy a la que me sirva el mejor café, a parte de un precio razonable. El de Starbucks no me pareció ninguna de las dos. No he vuelto a ir, y no tengo intención de hacerlo. No le veo la gracia.

Imagen: (http://www.sanfranciscosentinel.com/wp-content/uploads/2008/07/starbucks-2.jpg)

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