Riqueza

En esta magnífica sociedad en la que vivimos existen los llamados grupos sociales. Tales como existía en el Antiguo Régimen la sociedad estamental  – nobleza, clero, burguesía y campesinos. Todos tenían distintos derechos  y deberes.

Hoy en día ocurre lo mismo. Vivimos en una democracia, donde los ricos tienen más derechos que los pobres y los pobres tienen más deberes que los ricos.  De vez en cuando se pueden ver casos en los que – parece –  que pillan al rico y lo encierran en una cárcel que más que una prisión parece un hotel de lujo. Pero en la mayoría de los casos, no podemos verlo.

Los verdaderos delincuentes quedan impunes. Los que se aprovechan de una sociedad  inculta quedan sin castigo. En cambio, un pobre hombre que vive en la calle y no tiene billetes para conseguir alimento para su familia y recurre al hurto de una barra de pan para que su mujer e hijos tengan algo que llevarse a la boca es acusado de ladrón y condenado a meses o, incluso, algunos años en un centro penitenciario.

¿Por qué ocurre esto si, según la ley, todos somos iguales ante la justicia? La respuesta es sencilla. Esto no es cierto. NO somos todos iguales ante la ley. Nunca lo hemos sido, y siguiendo este camino, nunca lo seremos.

Atrás quedó la imagen de ese pequeño niño haciendo preguntas tan afines como: ‘Mamá, si no hay suficientes billetes para que estas pobres familias, que viven en la calle, puedan comer, ¿por qué no hacemos más?’ Esta consulta fue respondida años más tarde. Ni por su madre, ni por ningún familiar. Sino por la vida misma. Ese niño descubrió la verdad sobre los políticos, que no eran gobernantes sino dictadores. La verdad sobre las guerras, que no eran juegos y para nada eran divertidas. La cruel verdad sobre la vida. Descubrió las mentiras que les contaron sus padres durante años. Las llamadas White lies. Los padres lo hacen porque saben la realidad del mundo donde vivimos y quieren apartarnos de él lo máximo posible.

El inconveniente es que un día, cuando ese niño madure, verá todas las verdades de golpe y se sentirá abrumado. Pero ese es el ciclo de la vida. De pequeños nos enseñan a comportarnos como ricos. Nos dicen que debemos aspirar a serlo, que debemos comportarnos como ellos. Hay gente que vive obsesionada con ellos y los imita sin fin, de ahí vienen los programas de televisión llamados de corazón – véase Telecinco.

Pero, ¿por qué ser como ellos? ¿Qué hay de malo en vivir como nuestros antepasados, los indios? ¿Tan malo sería vivir todos juntos respetando a la naturaleza y a todos los seres que nos rodean? No lo creo. Una cosa es que te inculquen unos principios – unos modales –  otra distinta es que vean la riqueza algo que hay que conseguir, alcanzar y mantener. Al igual que el poder. ¿Para qué quieres poder teniendo amistad? ¿Para qué quieres dinero teniendo familia? Los que llegan a la cima suelen ser los peores seres humanos. Llegan por delante de todos, imponiendo su propio yo delante de cualquier otra cosa, imponiendo su enorme avaricia. Yo quiero irme a las montañas, quiero respirar aire fresco, encontrarme a mí mismo, a mi propio ser para comprenderme y comenzar a comprender a los demás. No quiero estar en una casa más grande que algunos países, con objetos de oro en todas partes, respirar un aire que ha sido oxigenado especialmente para mí, porque creo que me merezco un aire mejor al del resto de la humanidad, y saber solo una cosa, saber que quiero aún más dinero sin importar el medio por el cual lo consiga.

El bien propio por encima del de los demás.

Imagen: (http://www.laparaulatailustrada.com/wp-content/uploads/2011/01/MAFALDA.jpg)

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La educación

Vivimos en una sociedad demócrata, donde elegimos al máximo mandatario de un Gobierno que vela por nuestra seguridad y por nuestro futuro. Este mandatario es elegido mediante una votación, en la cual pueden participar todos los ciudadanos que cumplan unos requisitos mínimos. El gran elegido suele ser el que más cosas promete, el que mejor miente.

Algunas de las cosas que promete son, por ejemplo, que reducirá impuestos – cosa que aunque nunca cumpla y todos sepamos que no cumplirá, parece ser que a la gente le sienta bien que use mentiras a las que ya está acostumbrada las de siempre. Otra medida que suelen prometer es mejorar la educación y ayudar a los jóvenes a conseguir domicilio, a adquirir un buen empleo o, incluso, a obtener una educación mejor.

Una educación. Una instrucción perdida. La cuestión no es lo que puedas llegar a hacer tras el bachillerato, la cuestión es que te han inculcado previamente.

Voy a exponer un par de ejemplos, aunque no diga que ocurra en todas las clases, en un aula de primero de primaria se les enseña a los niños a cantar, y bailar, un famoso cántico, el conocido como Ai se eu te pego. No haría falta decir más, creo yo, pero sigamos.

He visto gente que llega a cuarto de la ESO, a punto de pasar al Bachillerato, que apenas sabe leer y escribir. Lo digo en serio. Personas con 18 años, si no han repetido más es porque no les han dejado, que no puede leer un simple párrafo sin tener que pararse y repetir unas cuantas veces. No quiero que penséis que todo es culpa suya, porque no lo es. Yo mismo he tenido que sufrir las adversidades de un sistema educativo nefasto y no es fácil. Se llega a Bachillerato con una base inexistente. Con un nivel terrible. La educación hasta la última etapa de Secundaria es horrible.

Pero no todo es culpa de – algunos – profesores. He de reconocer que también hay muchos que son muy buenos, excelentes, pero por lástima solo me pude cruzar con unos pocos.

No quería denunciar solo el hecho de que existan educadores de este tipo. Hay que reconocer que también he visto alumnos horribles. He pasado por muchos sistemas educativos, a ambos lados del globo, pero como aquí en España nunca había visto nada parecido. Estudiantes que insultan a sus enseñantes, que los tratan como basura, que los maltratan psicológica e incluso físicamente. Nunca había visto nada parecido. Además se lo toman como algo corriente.

De donde vengo, el profesor es sinónimo de autoridad, el enseñante es una persona que gasta su tiempo en ayudar, en educar, a otros por distintas razones, algunas más nobles que otras. De donde provengo se le trata con respeto e incluso admiración. Siempre hay excepciones, claro está, pero creo que nunca llegaré a entender este hecho.
Hay alumnos a los que les da igual aprender, que dicen estar haciendo la Educación Secundaria Obligatoria por ese mismo hecho, que es obligatoria. Entiendo que haya gente que no valga para estudiar, o que simplemente no le llama el conocimiento, que no quiere saber qué ocurre a su alrededor, ni porque ocurre. No le interesa aprender de los antiguos sabios, de esos que dieron su vida al conocimiento y obtuvieron respuesta. No le interesa ilustrarse con los antiguos lenguajes, y las antiguas historias. Puedo llegar a entenderlo.

Pero, tampoco hay que ser tan drástico. ¿Por qué le da tan pronto la espalda a la educación? Ya sé que es un comentario un poco cursi, o común, pero hay niños que están deseando estudiar – aprender – cosas y no pueden. Entonces, ¿Por qué se le rechaza tan pronto?

Eso es una cuestión para otro ensayo.

PD: “Hay profesores que no quieren que pensemos, hay profesores que no creen que pensemos, hay profesores que no creen que seamos capaces de hacerlo, hay profesores que quieren que pensemos, y luego, la gran mayoría, los que no piensan en nosotros.”

Foto: (http://eldiabloestaenlosdetalles.files.wordpress.com/2011/06/mafalda-democracia_5.gif)